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¿La pandemia cambia la cultura? Así es cómo las geishas ahora trabajan en internet

Geisha
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La pandemia del coronavirus ha cambiado muchas cosas y antiguas prácticas no se quedan atrás.

Las geishas, artistas japonesas encargadas de entretener fiestas y reuniones exclusivas, frecuentemente se enfrentan a un público que suelen ser hombres maduros, con recursos, que se hallan en una pequeña sala llena de tatamis.

No obstante, el Covid-19 ha impedido esta realización, pero internet ha aparecido en este rubro como una herramienta que permite su práctica.

Si bien en Japón la pandemia del coronavirus no ha tenido un impacto desastroso como en otros países, su propagación de todas maneras paralizó la vida cultural y nocturna del archipiélago.

Pero el coronavirus no propulsó esta idea

En el ceremonial de la geisha, prácticamente toda su realización va contra las medidas físicas, lo cual ha afectado el salario de las personas que se dedican a estas disciplinas.

En este sentido surgió la idea de “Meet Geisha”, un sistema que se puso en marcha el año pasado con una compañía informática japonesa.

Esta idea surgió de cara a promover el espectáculo de las geishas entre los turistas previo a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Pero todos sabemos que el coronavirus obligó a cancelar todos los eventos masivos, entre ellos los JJ.OO.

Aún así, la idea persistió y la empresa se asoció con geishas de Hakone, una ciudad a unos 80 kilómetros al suroeste de Tokio, de acuerdo al portal de noticias AFP.

“Están abiertas a nuevos desafíos y no son prisioneras de los estilos tradicionales”, sostuvo Tamaki Nishimura, responsable de este curioso proyecto.

Cabe señalar que, contrario a lo que gran parte del occidente piensa, las geishas no son prostitutas, sino artistas altamente calificadas.

Ampliando el público

La plataforma digital también es llegar a un nuevo público, en especial, a uno más joven.

“Uno de los objetivos de este servicio es llegar a un nuevo público más joven”, con precios más atractivos, señaló Tamaki Nishimura.

“Un día tuvimos un grupo de ocho personas en Corea del Sur que pagó el servicio como regalo de cumpleaños para uno de los participantes. Era más de lo que esperábamos”, recuerda.